Un modelo de inteligencia artificial que analiza los patrones de presión arterial registrados por un monitor de brazo portátil, junto con datos de una pulsera wearable, podría identificar a los adultos con hipertensión de etapa 2 que están en mayor riesgo de sufrir una crisis hipertensiva hasta 72 horas antes de que ocurra. Los hallazgos, de carácter preliminar e independiente, se presentarán en las Sesiones Científicas 2026 de la Asociación Americana del Corazón, que se celebran del 6 al 9 de noviembre en Chicago.

La crisis hipertensiva se define como una elevación rápida y severa de la presión por encima de 180/120 mm Hg acompañada de daño agudo en órganos diana, y puede desencadenar ictus, infarto, daño renal, disección aórtica o edema pulmonar.

«La presión arterial de cada persona cambia a lo largo del día y de la noche, y una sola lectura solo captura un momento en el tiempo», explica Waleed Razzaq Chaudhry, autor principal e internista del Centro Médico de la Universidad de Maryland en el condado de Prince George. Al monitorizar de forma continua y buscar patrones, el equipo comprobó que el análisis con inteligencia artificial podría añadir valor para detectar señales tempranas de una elevación peligrosa.

El estudio incluyó a 4.190 adultos de entre 40 y 85 años con hipertensión de etapa 2, con una edad media de 62,4 años; el 46% eran mujeres y el 54%, hombres. Todos recibieron atención en un hospital de Sindh (Pakistán) y fueron seguidos durante doce meses, entre enero de 2025 y enero de 2026. Los participantes llevaban un monitor de presión de brazo portátil y un dispositivo de muñeca con sensores ópticos que registraba señales cardiovasculares como la frecuencia cardíaca y su variabilidad. El modelo analizó 47 características de esos datos y, cuando estimaba un riesgo elevado de crisis en las siguientes 72 horas, emitía una alerta que llevaba al médico a contactar con el paciente, revisar síntomas y ajustar la medicación si era necesario.

Los resultados fueron consistentes. A lo largo del año, 312 de los más de 4.000 participantes sufrieron 418 crisis hipertensivas, aproximadamente el 7% del total. Entre quienes recibieron una alerta positiva, cerca del 32% experimentó una crisis, mientras que el 97,4% de los pacientes sin alerta permaneció libre de crisis. Dos patrones concretos destacaron: quienes no mostraban el descenso nocturno habitual de la presión tenían casi cinco veces más probabilidades de sufrir una crisis inminente, y quienes presentaban un aumento superior a 35 mm Hg al despertar respecto a su presión nocturna tenían casi cuatro veces más. Además, cuando los médicos recibieron la alerta y ajustaron la medicación en las primeras 24 horas, las crisis se redujeron alrededor del 61% y las visitas a urgencias cerca del 45%, en comparación con quienes no recibieron esa intervención oportuna.

Los propios autores subrayan las cautelas. Todos los participantes vivían en Pakistán y se atendían en un único hospital, por lo que el diseño debe probarse en poblaciones más diversas y en distintos entornos sanitarios antes de generalizarse. También falta definir cómo responder clínicamente a las alertas de alto riesgo: confirmar la medición, revisar síntomas y adherencia, contactar al paciente, considerar ajustes de medicación y decidir cuándo se requiere evaluación urgente.

Aun con esas reservas, «si somos capaces de reconocer un mayor riesgo de crisis hipertensiva días antes de que ocurra, tenemos la oportunidad de ofrecer atención más temprana», concluye Chaudhry.

Fuentes

American Heart Association
Wearable devices + AI analysis may predict high blood pressure crisis up to 3 days early