Vivimos en una sociedad que envejece rápidamente, las estadísticas indican que en México, en las próximas tres décadas, la población de adultos mayores será superior a la gente joven. El tema del envejecimiento puede abordarse desde diferentes aristas: sociales, económicas, políticas y/o culturales, sin embargo, cada una converge en un tema clave, la salud. Esta última determinará incluso, la forma de relacionarse interpersonalmente y la calidad de vida del individuo.
Cuando una persona padece una enfermedad crónica, incrementará la posibilidad de requerir asistencia y cuidado por parte de sus familiares o la gente más cercana. No podemos olvidar que a la par del envejecimiento, la población mexicana se enfrenta a diversos problemas de salud públicos, como la obesidad, diabetes e hipertensión, entre otras enfermedades crónicas que de no ser atendidas de manera oportuna, desencadenan complicaciones médicas importantes y como consecuencia, la mayoría de los pacientes sufrirá algún tipo de discapacidad en algún momento de sus vidas. Hay que considerar también, el gasto económico que representa una enfermedad, para el paciente, implica la compra de medicamentos, aparatos, consultas y gastos de traslado, entre otros; para el cuidador, el impacto económico resultante de postergar o modificar sus planes diarios y ver afectada su productividad, además del estrés que supone el cuidado diario de una persona, sin contar con la experiencia o conocimiento necesario para hacerlo.
La tecnología se ha vuelto parte de nuestras vidas y se incorpora a ella de manera tan profunda, que hoy, prácticamente a nadie le resulta ajeno el uso de un teléfono móvil. La inteligencia artificial marca un antes y un después en la medicina, específicamente con los sistemas automatizados, como los robots. No es un tema nuevo saber que ciertos trabajos especializados serán tareas realizadas por máquinas, sin embargo, hoy, nuevas tareas se ven incursionadas por la robótica. Hoy, vemos androides capaces de realizar diagnósticos médicos complejos en minutos, por lo que un robot podría fácilmente pertenecer a un equipo médico en un hospital, tomar signos vitales de pacientes, tomar notas, colaborar en los diagnósticos e incluso, participar en una cirugía.
Los robots de asistencia están cambiando ya, la vida de muchas personas. En Japón, muchas casas para ancianos, cuentan con sus propios robots de compañía. El adulto se siente acompañado, el androide aprende a conocer los gustos del humano al que acompaña, actitudes, comportamiento y responde con base a lo que aprende, haciendo empatía con sus emociones. Se trata de un tema que la sociedad no hubiera previsto, se resolviera por medio de la tecnología, la soledad de los adultos mayores, ha sido un problema social importante, incluso el maltrato originado por el estrés que supone el cuidado de un adulto mayor que padece demencia o alguna otra enfermedad crónico degenerativa.
La violencia hacia las personas mayores es un problema que se conoce desde hace pocos años, debido a que se mantuvo en el ámbito privado y en muchas ocasiones enmascarado porque los familiares cercanos eran quienes la ejercían. Existía un gran desconocimiento sobre los actos u omisiones que se consideraban maltrato, por lo que no se le daba el interés ni la prioridad, ya que, no se sabía cómo detectarla y menos atenderla.
Pero un robot de asistencia, es capaz de tomar los signos vitales del paciente, recordarle sus medicamentos, notar si su alimentación es adecuada y monitorear su salud emocional, incluso puede cambiar un pañal, si fuera necesario.
Es aquí donde enfrentamos un problema ético, pues no todas las personas están dispuestas a crear interacciones con los androides. Pero hasta ahora, las estadísticas muestran que los adultos que cuentan con robots de asistencia, se sienten felices con la oportunidad de contar con ellos, se sienten vinculados y cuidados con ellos. Los sistemas de salud públicos de algunos países, ya consideran estas tecnologías como parte del gasto público necesario para las casas de cuidado para ancianos y podría poner fin, a los múltiples casos de violencia en la vejez.



