Colocar una inyección puede resultar estresante para los pacientes, sobre todo cuando se padece alguna enfermedad crónica y se requiere la administración constante de ciertos medicamentos, cuando se trata de una emergencia o cuando se requiere dar seguimiento a un tratamiento en particular. No resultaba extraño que los pacientes se vieran en la necesidad de acudir a centros de salud o médicos cercanos, generando gastos de traslado y servicio que, en muchas ocasiones, provoca la interrupción del tratamiento y por consiguiente, una recuperación fallida o complicaciones médicas.
El crecimiento y envejecimiento de la población genera la necesidad de contar con sistemas de auto-administración de inyecciones y medicamentos, los fabricantes de medicamentos se han dado a la tarea de seleccionar y desarrollar sistemas de liberación de fármacos inyectables para mejorar la comodidad y preferencia del paciente, pues en más de una ocasión los familiares que le acompañan no poseen la preparación necesaria para administrar fármacos inyectables.
Un autoinyector es un producto sanitario diseñado para liberar de forma automática una dosis exacta, estéril, apirógena y libre de partículas de un fármaco concreto. Por su diseño son fáciles de utilizar por los propios pacientes y personal no entrenado. La vía de administración (intramuscular o subcutánea) y el lugar de inyección (normalmente en glúteos, muslos, abdomen, brazos) dependen del fármaco que contengan. Constan por lo general de dos componentes: el inyector en sí y una jeringa precargada. La aguja se encuentra protegida y oculta en su interior con un mecanismo de seguridad que evita que se dispare de forma accidental. Disponen de un botón disparador que cuando se acciona, la aguja es rápidamente insertada y el fármaco liberado. Una vez que se ha completado la inyección, los autoinyectores suelen contener un indicador visual que confirma que la dosis ha sido administrada totalmente. Los auto-inyectores pueden contener una sola dosis de fármaco o bien ser multidosis. Sin duda otorgan mayor autonomía para los pacientes.
Los primeros autoinyectores tuvieron un origen militar, sin embargo, los primeros sistemas tuvieron problemas de fugas, esterilidad y estabilidad. Actualmente, existen diversos tipos de autoinyectores y plumas o bolígrafos precargados para la administración de fármacos por el propio paciente. Son dispositivos de fácil uso, desechables o reutilizables, con monodosis o multidosis; algunas de las enfermedades para las que esta tecnología ha sido implementada son: artritis, esclerosis múltiple, diabetes, osteoporosis, anemia, migraña.
Este tipo de dispositivos no perforan la piel del paciente, por lo que resultan menos invasivos y eliminan el temor o fobia hacia las agujas por parte de algunos pacientes. Consiste en aplicar una alta presión sobre el depósito donde se encuentra el medicamento y hacerlo pasar por un orificio del diámetro de un cabello humano a una gran velocidad, lo que origina un flujo ultrafino capaz de atravesar la piel. Los materiales también deben ser capaces de soportar altas temperaturas, ya que son esterilizadas por calor.
Este tipo de dispositivos médicos, suponen una adherencia mayor por parte de los pacientes, existe una resistencia menor que la que se presenta con agujas, además resulta eficaz, seguro, e intuitivo.



