El Instituto Max Planck de Sistemas Inteligentes (MPI-IS), en colaboración con la Universidad de Tubinga y la Universidad de Stuttgart, ha desarrollado una plataforma robótica y de simulación que permite probar nuevas tecnologías de actuadores blandos para la supresión de temblores en la muñeca.
Se estima que alrededor de 80 millones de personas en el mundo padecen temblores involuntarios debido a enfermedades como el Parkinson o el temblor esencial, lo que afecta actividades cotidianas como escribir o sostener un vaso. Los tratamientos farmacológicos y quirúrgicos pueden aliviar los síntomas, pero también presentan efectos secundarios y no son adecuados para todos los pacientes. Las prótesis robóticas blandas son una alternativa prometedora, aunque los diseños actuales todavía no alcanzan un nivel de sofisticación suficiente para una solución efectiva.
Para superar esta limitación, los científicos del proyecto BITS (Bionic Intelligence Tübingen Stuttgart) han desarrollado un brazo robótico experimental que imita los temblores de personas con estas afecciones. Este brazo utiliza dos músculos artificiales blandos (actuadores Peano-HASEL) colocados en el antebrazo, los cuales trabajan en conjunto para compensar el movimiento involuntario. Gracias a este mecanismo, el temblor se reduce hasta en un 94%, permitiendo un mayor control del movimiento.
El equipo de investigación busca que esta tecnología cumpla dos propósitos fundamentales. Por un lado, el brazo biorrobótico servirá como una plataforma de pruebas para que otros investigadores puedan desarrollar y mejorar nuevas tecnologías sin la necesidad de realizar ensayos clínicos extensos y costosos. Esto permitirá acelerar la creación de dispositivos asistenciales más eficientes.
Por otro lado, el estudio pretende que estos músculos artificiales se integren en el futuro en dispositivos portátiles que los pacientes puedan llevar de manera discreta en su vida diaria. De esta manera, podrán mejorar su movilidad sin llamar la atención ni depender de soluciones invasivas.
«Vemos un gran potencial en nuestros actuadores para convertirse en la base de una prenda portátil que permita a los pacientes moverse con mayor autonomía, sin que su condición sea evidente». Alona Shagan Shomron, investigadora del MPI-IS y autora principal del estudio publicado en la revista Device
Uno de los avances más relevantes es su capacidad de personalización. A través de simulaciones biomecánicas, se pueden evaluar los efectos de distintos actuadores y ajustar los dispositivos de asistencia según las necesidades individuales de cada paciente. Daniel Häufle, profesor del Instituto Hertie de Investigación Cerebral en la Universidad de Tubinga, destaca que esta tecnología podría permitir ajustes precisos en un futuro dispositivo vestible adaptado a cada temblor específico.



