Una pequeña corriente eléctrica aplicada en el oído podría convertirse, algún día, en una herramienta para contener hemorragias. Un estudio exploratorio realizado por investigadores de los Feinstein Institutes for Medical Research, de Northwell Health, encontró que estimular de forma no invasiva ramas nerviosas de la oreja puede “preparar” a las plaquetas para responder ante una lesión y, en particular, que la estimulación auricular del nervio vago aceleró distintas etapas de la formación del coágulo. Los resultados, publicados en Bioelectronic Medicine, son una primera prueba mecanística en humanos de una estrategia que los investigadores comparan conceptualmente con un “torniquete neural”.

El trabajo evaluó a 24 adultos sanos en un ensayo prospectivo, aleatorizado, doble ciego y controlado con estimulación simulada. Los científicos compararon dos modalidades administradas mediante un dispositivo colocado sobre la oreja: la estimulación transcutánea auricular del nervio vago (taVNS) y una técnica denominada tAN, que combina la estimulación de ramas de los nervios vago y trigémino. La idea es aprovechar la conexión entre el sistema nervioso y la hemostasia: estudios previos en animales habían sugerido que activar el vago puede modificar la actividad de las plaquetas, las células sanguíneas que intervienen de manera decisiva en las primeras fases de la coagulación.

Ambas técnicas produjeron señales de activación plaquetaria, aunque por vías distintas. La estimulación combinada favoreció la respuesta mediada por ADP, mientras que la estimulación exclusiva del vago aumentó una respuesta relacionada con el colágeno. Esta última también mostró el efecto más claro sobre la coagulación global: en las pruebas de tromboelastografía, el tiempo de inicio del coágulo pasó de 5.74 a 4.91 minutos, una reducción cercana al 15%, y también mejoraron parámetros asociados con su propagación y estabilización. En contraste, no se detectaron cambios significativos en pruebas convencionales como tiempo de protrombina, INR, tiempo parcial de tromboplastina, dímero D, concentración de fibrinógeno o recuento de plaquetas.

Ese patrón resulta particularmente interesante porque sugiere que la neuromodulación no estaría aumentando indiscriminadamente la coagulación en todo el organismo, sino modificando la capacidad funcional de las plaquetas para responder cuando reciben determinadas señales. En teoría, una intervención portátil y no invasiva de este tipo podría resultar útil en escenarios donde cada minuto cuenta, como traumatismos, cirugía, hemorragia obstétrica o trastornos de coagulación como la hemofilia y la enfermedad de von Willebrand. Sin embargo, el estudio no evaluó pacientes con sangrado activo ni demostró que el dispositivo reduzca la pérdida de sangre en una situación clínica real.

Por ahora, los resultados deben considerarse una prueba inicial de mecanismo, no una nueva terapia contra las hemorragias. Sin embargo, los datos presentados son suficientemente prometedores para justificar ensayos mayores que determinen si este posible “torniquete neural” puede traducirse en menos sangrado y mejores resultados para los pacientes.

Fuentes

Bioelectronic Medicine | Springer Nature Link
Effects of transcutaneous auricular vagus nerve stimulation or combined vagal and trigeminal nerve stimulation on platelet function and laboratory hemostasis parameters in healthy human subjects 

Fierce Biotech
‘Neural tourniquet’ device could hold key to stopping life-threatening hemorrhage