Un equipo de la University of Utah y la University of Illinois Chicago publicó en Nature Communications el desarrollo de un smartwatch experimental capaz de estimar de forma continua la presión arterial y la velocidad del flujo sanguíneo sin usar brazalete. El dispositivo se basa en bioimpedancia eléctrica (BioZ), la cual detecta pequeños cambios en la resistencia y reactancia del tejido en la muñeca a medida que la sangre pulsa por la arteria radial. A diferencia de muchos enfoques previos, el sistema no se apoya solo en correlaciones empíricas, sino en un modelo que vincula físicamente la presión arterial, el volumen sanguíneo y la conductividad de la sangre con la señal eléctrica registrada en la piel.
Los autores desarrollaron una red neuronal que incorpora principios de dinámica de fluidos y ecuaciones del flujo sanguíneo para reconstruir la forma completa de la onda de presión arterial y estimar la velocidad axial y radial de la sangre. En el artículo, el sistema mostró buen desempeño transversal para presión sistólica y diastólica en personas sanas y en pacientes con hipertensión o enfermedad cardiovascular, y además logró predecir velocidades sistólicas pico con buena concordancia frente a mediciones de referencia por Doppler.
Por su parte, el reloj integra electrodos de acero inoxidable, almacenamiento local, batería recargable y transmisión por Bluetooth Low Energy. Según el manuscrito, puede almacenar hasta un mes de datos, operar alrededor de 14 días por batería en modo general y transmitir datos continuos durante aproximadamente seis horas. El trabajo describe además algoritmos propios para compensar variaciones en la impedancia de contacto y el desplazamiento basal asociado con la colocación del reloj, el movimiento de la mano y la presión aplicada sobre la muñeca.
La validación incluyó 75 personas sanas y pacientes atendidos en consulta externa e incluso en unidad de cuidados intensivos, una decisión que, como se señala en el texto complementario, buscó probar la tecnología en poblaciones que realmente concentran el problema clínico. En ese contexto, el estudio plantea una idea atractiva para el campo de dispositivos médicos: pasar de la lectura aislada de dos cifras —sistólica y diastólica— a un seguimiento más continuo de la película completa de la presión arterial a lo largo del día, incluso durante actividad física y desafíos autonómicos.
Por ahora, el propio artículo presenta la tecnología como una prueba de factibilidad que todavía requiere estudios clínicos más amplios, cohortes más diversas y mejor comprensión de su estabilidad longitudinal, sin embargo, deja planteada una dirección clara para el monitoreo cardiovascular cotidiano del paciente.



