Un equipo de la Washington University School of Medicine en St. Louis desarrolló un modelo predictivo que utiliza un único análisis de sangre para estimar cuándo una persona podría comenzar a presentar síntomas de enfermedad de Alzheimer. Los resultados, publicados el 19 de febrero en Nature Medicine, muestran que el sistema puede anticipar el inicio clínico dentro de un margen aproximado de tres a cuatro años, lo que podría optimizar el diseño de ensayos clínicos enfocados en terapias preventivas.
El modelo se basa en la cuantificación plasmática de p-tau217, una proteína asociada con la acumulación cerebral de amiloide y tau, dos de los principales marcadores patológicos de la enfermedad. Estos agregados proteicos comienzan a desarrollarse años —incluso décadas— antes de que aparezcan síntomas cognitivos. Al analizar datos de 603 adultos mayores cognitivamente intactos provenientes de dos cohortes longitudinales (Knight ADRC y ADNI), los investigadores identificaron patrones consistentes entre la elevación de p-tau217 y el intervalo hasta la aparición clínica.
Los hallazgos sugieren que la edad influye en la progresión: individuos con niveles elevados a los 60 años desarrollaron síntomas aproximadamente dos décadas después, mientras que elevaciones detectadas a los 80 años se asociaron con una progresión más rápida, cercana a los 11 años. Esta diferencia podría reflejar variaciones en resiliencia cerebral o en umbrales patológicos relacionados con el envejecimiento.
La proteína fue medida mediante diferentes ensayos basados en p-tau217, incluido un test clínicamente disponible y otras pruebas con autorización regulatoria, lo que respalda la reproducibilidad del enfoque. Los autores también publicaron el código del modelo y desarrollaron una herramienta web para facilitar su evaluación y refinamiento por otros investigadores.
Aunque la prueba no está recomendada actualmente para personas sin deterioro cognitivo fuera de contextos de investigación, los autores destacan que estos modelos podrían acortar la duración y mejorar la eficiencia de estudios preventivos. A largo plazo, y tras validaciones adicionales, la aproximación podría contribuir a una medicina más anticipatoria en Alzheimer, permitiendo planificar intervenciones antes del inicio de síntomas clínicos.



