Investigadores desarrollaron una interfaz cerebro-computadora capaz de restaurar la comunicación en personas con parálisis. El estudio, publicado en Nature Neuroscience, describe una neuroprótesis experimental que permite escribir en un teclado virtual mediante la simple intención de mover los dedos, sin necesidad de movimiento físico.
La innovación fue desarrollada por especialistas del Mass General Brigham Neuroscience Institute y Brown University, como parte del consorcio BrainGate, una colaboración multidisciplinaria que desde hace más de dos décadas trabaja en soluciones tecnológicas para restaurar la comunicación y la movilidad en personas con daño neurológico.
El sistema se basa en una interfaz intracortical implantable que registra la actividad del cerebro en la corteza motora, región encargada de controlar el movimiento. A partir de estas señales, un algoritmo traduce la intención del usuario en letras sobre un teclado tipo QWERTY. En la práctica, cada letra está asociada a un dedo y a un tipo de movimiento (arriba, abajo o hacia la palma), de modo que el usuario solo necesita imaginar el gesto correspondiente para escribir.
La propuesta busca restaurar la capacidad de comunicarse a personas con enfermedades como la esclerosis lateral amiotrófica o lesiones de la médula espinal. Actualmente, muchos pacientes dependen de tecnologías como el seguimiento ocular, que suelen ser lentas, imprecisas o demandantes, lo que incluso lleva a su abandono en algunos casos.
Con la recién presentada iBCI, las señales neuronales se procesan mediante modelos de inteligencia artificial que no solo identifican letras, sino que también predicen palabras y frases completas, mejorando la fluidez del texto. El sistema puede calibrarse rápidamente —con alrededor de 30 frases—, lo que facilita su adopción frente a otras tecnologías más complejas de entrenar.
El dispositivo fue probado en dos participantes del ensayo clínico BrainGate: uno con esclerosis lateral amiotrófica avanzada y otro con lesión cervical de la médula espinal. Ambos lograron comunicarse de forma rápida y precisa desde sus propios hogares, lo que sugiere un potencial uso futuro fuera de entornos clínicos.
Uno de los participantes alcanzó una velocidad de hasta 110 caracteres por minuto, equivalente a unas 22 palabras por minuto, con una tasa de error de apenas 1.6%. Este desempeño se aproxima al de una persona sin discapacidad y supera a otras tecnologías disponibles basadas en selección de letras o control de cursor.
Además de la velocidad, uno de los aspectos más relevantes es la naturalidad del sistema, ya que aprovecha la familiaridad del teclado QWERTY, lo que facilita su aprendizaje y uso incluso en personas sin experiencia previa en mecanografía.
Los investigadores destacan que este avance, aún en fase de investigación, significa también un paso hacia el desarrollo de sistemas capaces de restaurar movimientos más complejos, como el agarre o la manipulación de objetos. Asimismo, señalan que futuras versiones podrían incorporar teclados personalizados o sistemas aún más rápidos.



