Un hombre australiano ha hecho historia al convertirse en la primera persona en el mundo en vivir más de 100 días con un corazón completamente artificial hecho de titanio, diseñado para reemplazar por completo la función de ambos ventrículos.
Implantado como medida temporal mientras el paciente esperaba un donante, el dispositivo le permitió llevar una vida activa fuera del hospital durante más de tres meses, algo sin precedentes en la historia médica. Posteriormente, el paciente fue sometido exitosamente a un trasplante de corazón humano y se encuentra actualmente en recuperación, según informó el Hospital St. Vincent’s de Sídney, donde se realizó el procedimiento.
En lugar de replicar el latido cardíaco con movimientos mecánicos, el BiVACOR Total Artificial Heart (TAH) se basa en un sistema rotatorio de impulsión centrífuga con levitación magnética activa (MAGLEV), el cual impulsa sangre de forma continua hacia los pulmones y el resto del cuerpo. El rotor flota sin contacto físico dentro de la carcasa del dispositivo, evitando el desgaste mecánico y reduciendo significativamente la fricción y el daño hemático. Mediante un sistema de control inteligente, el dispositivo ajusta la velocidad del rotor según la demanda fisiológica del paciente, generando un flujo pulsátil modulado de forma dinámica. Todo el sistema opera con un consumo energético optimizado y sin componentes susceptibles al desgaste, como válvulas o cámaras de bombeo flexibles, lo que permite un funcionamiento más silencioso, eficiente y duradero.
Está construido en titanio por su biocompatibilidad y resistencia, e incluye un sistema de control externo portátil con baterías recargables, que ofrece libertad de movimiento al paciente. Su tamaño compacto lo hace compatible con la mayoría de los cuerpos adultos.
El BiVACOR TAH forma parte de un estudio clínico aprobado por la FDA en Estados Unidos, que busca evaluar su uso como puente hacia el trasplante en personas con insuficiencia cardíaca biventricular grave. La primera implantación en EE. UU. se realizó en julio de 2024 en Texas. Hasta ahora, seis personas en el mundo han recibido este corazón artificial; sin embargo, el caso australiano es el primero en demostrar que el dispositivo puede sostener la vida activa del paciente fuera del entorno hospitalario por un periodo prolongado.
El avance ofrece nuevas esperanzas, especialmente ante la escasez global de donantes. Algunos especialistas ya imaginan un futuro en el que este tipo de tecnologías se utilicen como solución definitiva en pacientes no aptos para trasplante.



