Una tecnología experimental que emplea campos eléctricos inducidos de muy baja intensidad y sin administrar medicamentos logró reducir tanto el crecimiento tumoral como la diseminación hacia los pulmones en modelos animales de cáncer de mama triple negativo. Este subtipo representa alrededor de 10 a 15% de los cánceres de mama y plantea un reto particular porque carece de varios de los blancos moleculares utilizados para tratar otras formas de la enfermedad. En el estudio, publicado en Breast Cancer: Targets and Therapy, investigadores de la Universidad Estatal de Ohio observaron además que la intervención modificó el entorno inmunitario del tumor de una manera potencialmente favorable para combatir el cáncer.
El sistema se basa en campos eléctricos inducidos (iEF, por sus siglas en inglés) generados mediante campos magnéticos variables, sin introducir corriente directamente en los tejidos, y con intensidades aproximadamente mil veces menores que las utilizadas por algunas tecnologías de campos eléctricos ya empleadas en oncología. Los autores plantean que este principio podría trasladarse en el futuro a dispositivos portátiles con bobinas incorporadas, capaces de administrar el tratamiento de manera no invasiva.
Los animales tratados presentaron menos metástasis pulmonares y lesiones metastásicas de menor tamaño, y las células cancerosas mostraron cambios compatibles con una menor capacidad invasiva. En concreto, el tratamiento alteró marcadores relacionados con la transición epitelio-mesenquimal, un proceso mediante el cual las células tumorales adquieren características que facilitan su migración y propagación hacia otros órganos. Estudios anteriores del mismo grupo ya habían sugerido que estos campos pueden interferir con la movilidad de las células de cáncer de mama y con procesos metabólicos involucrados en la producción de energía.
Uno de los hallazgos más llamativos fue el efecto sobre el microambiente inmunitario. En el tumor primario disminuyeron poblaciones de células mieloides asociadas con inmunosupresión y aumentaron ciertos tipos de células dendríticas que participan en la presentación de antígenos. En los pulmones, donde este cáncer suele formar metástasis, se detectaron más linfocitos T CD8+ —células capaces de destruir células tumorales— y una mayor proporción de ellos estaba en proliferación. Al mismo tiempo, disminuyeron células mieloides que pueden favorecer la progresión del cáncer. En conjunto, los datos sugieren que los campos eléctricos no solo actuarían directamente sobre las células malignas, sino que podrían transformar un ambiente tumoral poco reactivo en uno más favorable para una respuesta inmunitaria antitumoral.
Por ahora, sin embargo, los resultados corresponden exclusivamente a estudios preclínicos y no demuestran que la tecnología sea eficaz en pacientes. En ratones sanos expuestos durante 30 días, los investigadores no identificaron alteraciones relevantes en peso corporal, análisis de sangre ni en la estructura de órganos como hígado, pulmón y bazo, pero todavía será necesario establecer su seguridad, dosis óptima y eficacia en humanos. El equipo ha colaborado con EMBioSys, Inc. en el desarrollo de un dispositivo portátil experimental que se prevé evaluar clínicamente.



