Un equipo de investigadores en Manchester ha desarrollado un enfoque experimental para mejorar la detección y el seguimiento del glioblastoma, el tipo más común y agresivo de cáncer cerebral en adultos. El equipo, conformado por científicos de la University of Manchester en colaboración con instituciones en Dinamarca, propone una alternativa mínimamente invasiva basada en el análisis de proteínas en sangre.
El glioblastoma se caracteriza por su rápida progresión, alta complejidad biológica y dificultad para ser diagnosticado a tiempo. Actualmente, su detección y monitoreo dependen principalmente de resonancias magnéticas y biopsias quirúrgicas, procedimientos que, además de ser invasivos, tienen limitaciones para capturar los cambios dinámicos del tumor. Esta situación dificulta evaluar con precisión la respuesta al tratamiento o detectar recaídas de forma temprana.
En este contexto, el nuevo estudio explora el potencial de la proteómica plasmática como herramienta diagnóstica. Los análisis basados en ADN o ARN circulante se ven frecuentemente limitados por su baja presencia en sangre debido a la barrera hematoencefálica; en cambio, el análisis de proteínas permite observar tanto la actividad del tumor como la respuesta sistémica del organismo en tiempo real.
Los investigadores identificaron una “firma dual” compuesta por dos proteínas: el factor de coagulación IX (F9) y la proteína de la matriz oligomérica del cartílago (COMP). Este par demostró una alta capacidad para distinguir a pacientes con glioblastoma de individuos sanos, alcanzando niveles de precisión superiores al 90% y un área bajo la curva cercana a 0.96 . Notablemente, esta precisión se mantuvo incluso en casos de recurrencia, lo que sugiere que el método podría ser útil a lo largo de toda la evolución de la enfermedad.
Uno de los hallazgos más relevantes es que, pese a la gran heterogeneidad genética del tumor, el perfil proteico en plasma se mantiene sorprendentemente estable entre pacientes y a lo largo del tiempo . Esto contrasta con los cambios complejos observados en el tejido tumoral y convierte al plasma en una fuente confiable de biomarcadores sistémicos.
Además, el estudio reveló que estas dos proteínas presentan comportamientos opuestos durante el tratamiento: los niveles de F9 tienden a disminuir tras intervenciones como cirugía o quimiorradioterapia, mientras que COMP aumenta progresivamente . Estas trayectorias divergentes permiten no solo detectar la enfermedad, sino también monitorear su respuesta terapéutica y posible progresión.
A nivel sistémico, el análisis proteómico también evidenció alteraciones importantes en procesos biológicos como la inflamación, la coagulación y la respuesta inmune, junto con una disminución en mecanismos relacionados con la integridad vascular y la reparación tisular . Este patrón refleja cómo el glioblastoma no solo afecta el cerebro, sino que induce cambios medibles en todo el organismo.
En conjunto, estos resultados apuntan hacia el desarrollo de una prueba de sangre clínicamente accesible que podría complementar las técnicas actuales de imagen. Aunque aún se requiere validación adicional antes de su implementación en la práctica médica, la investigación abre la posibilidad de diagnósticos más tempranos, monitoreo continuo y decisiones terapéuticas más informadas.



