En México, ya inició el proceso de vacunación contra el SARS-CoV-2, diferentes país han invertido millones de dólares con el fin de mitigar una de las pandemias con mayor impacto económico de la historia mundial.

Entre las dudas más populares, surge la incógnita respecto a cómo es que esta vacuna se ha desarrollado en un tiempo récord. Una de las respuestas principales, se encuentra detrás de Katalin Kariko la investigadora detrás de la vacuna de Pfizer y BioNtech, que ha estudiado el ARN mensajero desde hace más de 40 años.

Hoy, la investigadora migrante de 65 años, nacida en una pequeña ciudad húngara, de familia humilde, creció sin agua corriente ni electricidad, ya es una de las investigadoras más influyentes del mundo.

Tras graduarse como Bióloga en Hungría, Kariko viajó a Estados Unidos en 1985 para realizar un doctorado. Fue desprestigiada por su pionero trabajo en el estudio del ARNm, por el cual fue despedida de la Universidad de Pensilvania que no veía futuro en su investigación. Recibió múltiples cartas de rechazo por parte de compañías farmacéuticas pero hoy, Moderna y BioNTech han recibido cientos de millones de euros de fondos públicos para desarrollar en tiempo récord vacunas que utilizan el ARN mensajero.

Para entonces Kariko no era ciudadana estadounidense y necesitaba un trabajo para renovar su visa, así que tras ser despedida de su empleo, se vió obligada a aceptar un trabajo menor como investigadora, en la misma Universidad, pero que le permitió continuar con su estudio. Hoy Kariko tiene claro la importancia que tiene el apoyo a la investigación científica.

En 2005, presentó un ensayo junto con su colaborador Drew Weissman, un científico que trabajaba en una vacuna contra el virus del SIDA y que acogió a Kariko en su laboratorio para que lo intentara con su ARN mensajero. Descubrieron que modificando una sola letra en la secuencia genética del ARN podría lograrse que no se generara inflamación. “Cambiar uridina a pseudouridina permitiría que no se generase una respuesta inmune exagerada y además facilitaba la producción de proteína en grandes cantidades».

Kariko quería usar las células del propio enfermo para que fabricasen la proteína que les curaría inyectándoles un pequeño mensaje de ARN. “Todo el mundo lo entiende ahora, pero no entonces”, lamenta la científica.

Los científicos presentaron la patente a la Universidad de Pensilvania, que decidió vendérsela a la empresa Cellscript. “Querían dinero rápido y las vendieron por 300.000 dólares”, dice Kariko.

En 2010, un grupo de investigadores de EE UU fundó una empresa que compró los derechos sobre las patentes de Kariko y Weissman. Su nombre era un acrónimo de “ARN modificado”: ModeRNA. En pocos años, sin apenas publicar estudios científicos, recibieron cientos de millones de dólares de capital privado, incluidos 420 millones de dólares de Astrazeneca.

Hace apenas unos días, Kariko y Weissman se juntaron de nuevo para recibir la primera dosis de la vacuna de BioNTech. “No me causa ningún miedo”, dice la científica. “Si no fuera ilegal ya me habría inyectado en el laboratorio, pero a mí siempre me ha gustado seguir las normas”, explica. “La vacuna protege apenas 10 días después de la primera dosis, cuando la protección es del 88,9%. Con la segunda dosis aumenta al 95%. Hay algo muy importante. Hemos sacado sangre a los vacunados en los ensayos clínicos y hemos creado réplicas de todas las variantes del coronavirus que hay por el mundo. La sangre de estos pacientes, que contiene anticuerpos, ha sido capaz de neutralizar 20 variantes mutadas del virus”, resalta.

Todas las empresas de ARN mensajero, incluida Moderna, existen gracias al trabajo original de Kariko y Weissman, por lo que deberían recibir el nobel de química. Aunque hay quienes se niegan a reconocer su trabajo, hay algo que no pueden negar, y es que sin su estudio no se habrían fundado Moderna ni BioNTech.

“En los últimos 40 años no he tenido ni una recompensa a mi trabajo, ni siquiera una palmadita en la espalda. No lo necesito. Sé lo que hago. Sé que esto era importante. Y soy demasiado vieja para cambiar. Esto no se me ha subido a la cabeza. No uso joyas y tengo el mismo coche viejo de siempre”, comenta. Cuando era una joven científica aún en su Hungría natal su madre le decía que algún día ganaría el Nobel. “Yo le contestaba, ¡pero si ni siquiera puedo conseguir una beca, ni siquiera tengo un puesto fijo en la universidad!” Añade Kariko.

Por: Dalia Solano.

Fuentes:

El país.
La madre de la vacuna contra la covid: “En verano podremos, probablemente, volver a la vida normal».