En realidad, crear un dispositivo médico, debe ser una acción pensada para cubrir una necesidad existente, mejorar la calidad de vida de las personas o para entregar diagnósticos médicos precisos y rápidos que permitan salvar la vida de los pacientes; se trata de la pasión por ofrecer al otro, una solución o una nueva mejor manera de enfrentar la condición que se vive. Así es la entrega de quienes deciden fabricar un nuevo dispositivo médico. Y es que, si bien es cierto que lo fabricantes deben ceñirse a normas e instituciones sanitarias regulatorias, la idea primaria, nace principalmente, de la necesidad.
Así lo dijo el médico indio Jagdish Chaturvedi, que vive en Bangalore, un doctor que ha desarrollado más de 18 dispositivos médicos y de quien ya hemos hablado con anterioridad, pero que comenzó su carrera tratando de cubrir las necesidades de un sistema de salud precario en la india.
Cada vez, con mayor frecuencia, personas a edades más tempranas se adentran en el mundo de la investigación con el fin de hacer de éste, un mejor mundo para todos. Ocurrió también con la estudiante de secundaria Celestine Wenady, que inventó un glucómetro no invasivo que funciona sin extraer sangre y con un costo promedio de 63 dólares, comparado con los $1000 dólares que cuestan aquéllos que están disponibles en el mercado.
Su glucómetro logra un coeficiente de determinación de 0.843 usando dos sensores, uno usa interferometría, que implica la relación entre los índices de refracción de la piel (y, por lo tanto, la cantidad de luz reflejada hacia un área determinada) y la concentración de glucosa; el segundo sensor utiliza tecnología térmica para detectar la correlación entre la capacidad de calor de la piel y la concentración de glucosa. Los esfuerzos de ésta joven le valieron el premio Virgin Galactic Pioneer en la categoría de 13 a 15 años de la feria de ciencias de Google 2019. Y es que además de inventar nuevos dispositivos médicos, debe pensarse también en hacerlos asequibles para todas las personas, sin importar su ubicación geográfica, condición social o económica. Esta ideas, marcan la diferencia para abrir un nuevo camino de investigación, pues la joven asegura, que en el futuro, le gustaría extender el rango de sustancias que pueden medirse y comercializarlo al público.
Otro caso, es el de la estudiante Erin Smith, con tan solo 18 años, quien notó que los pacientes que padecían parkinson, tenían una expresión facial distante, aún cuando se encontraban emocionados, platicó esta inquietud con los médicos y resultó que había un estudio previo sobre esta condición que los especialistas habían notado también, con el tiempo, se desarrolló FacePrint, una aplicación que permite diagnosticar de manera más temprana dicha condición y su avance degenerativo, sólo requiere una cámara web y una computadora para analizar las expresiones faciales, cuenta con un 88% de precisión. La joven, ganó una beca de 100,000 dólares para estudiar otras condiciones como alzheimer, depresión, trastornos neurológicos y de estrés postraumático.
Cada vez, se impulsan diferentes ferias de ciencia y tecnología dirigidas a jóvenes, como el Science Talent Search, una de las ferias de ciencias más prestigiosas para alumnos de escuelas secundarias en Estados Unidos y donde, en su mayoría, son mujeres quienes han ocupado un lugar importante en este tipo de concursos.
Se trata de inventos médicos que pueden cambiar la salud del planeta en el futuro. Algunos son simples ideas, pero también hay sofisticados aparatos producidos con materiales económicos que llegan para revolucionar la industria de los dispositivos médicos.



